Por: Reynaldo Rodríguez Cuéllar
Las reiteradas escenas de incomprensible incoherencia protagonizadas por el vicepresidente Edmand Lara ya no pueden ser interpretadas como simples deslices comunicacionales. Su conducta pública abre un profundo debate sobre la responsabilidad institucional que exige la segunda magistratura del Estado.
El episodio ocurrido en Viacha, donde increpó desaprensivamente a un miembro de las Fuerzas Armadas y posteriormente difundió el video en redes sociales, trasciende un hecho aislado. Bolivia no observa a un tiktokero común: presencia al Vicepresidente de la República, cuya investidura demanda templanza, prudencia y respeto absoluto por las instituciones del Estado.
En ese contexto, el presidente Rodrigo Paz Pereira solicitó al Ministerio Público investigar la tragedia de Viacha como un posible atentado, insistiendo en que deben agotarse todas las hipótesis ante una explosión que dejó fallecidos y familias enlutadas. Análogamente, expresó su preocupación por la actitud del vicepresidente, calificándola como un “perfil dictatorial peligroso” y recordando que el abuso del “¿sabes quién soy?” representa prácticas que la democracia boliviana debe haber superado.
El debate de fondo no es ideológico, sino republicano. El uniforme militar simboliza una institución permanente del Estado y merece el mismo respeto que la investidura presidencial y vicepresidencial. Cuando una autoridad convierte la confrontación en espectáculo digital, el daño no recae únicamente sobre un efectivo militar: se erosiona la autoridad del propio Estado y se proyecta una imagen de burla ante la comunidad internacional.
Bolivia exige autoridades que honren su investidura con serenidad, legalidad y respeto, la firmeza jamás debe confundirse con arrogancia y el poder, nunca puede convertirse en licencia para humillar a quienes sirven bajo el uniforme de la República.
BOLIVIA EXIGE RESPETO A LA INVESTIDURA